Pozuzo: por la ruta del tunqui en bicicleta

oriente peruano, turismo en peru

Amanece soleado en Oxapampa, nuestro cuartel general. Hoy celebramos 28 de Julio y planeamos atravesar pedaleando el Parque Nacional Yanachaga Chemillén, hogar del gallito de las rocas, hasta Pozuzo, la primera colonia austro alemana fundada en el Perú en 1859.

 En este trayecto vimos letreros indicando ruinas pre hispánicas -que algún día nos gustaría visitar-, que se remontan a los tiempos cuando los Yanesha convivían con poblaciones de Chinchaycochas, cuyos centros políticos se ubicaban cerca al Lago Junín.

La bicicleteada hacia Villa Rica vía el Bosque de Sho’llet, nos aclaró que lo mejor era cargar solo lo necesario, así que luego de dejar algunas cosas al cuidado de Kurt en la Casa Oxapampina, salimos temprano para tanquear bien con un tradicional mixto de jamón ahumado con su capuccino de alto octanaje en la Plaza de Armas, 23 soles de puro combustible.

Arquitectura de influencia alemana y austriaca es la que predomina en toda la ruta a Pozuzo.

Los 80 km hasta Pozuzo son principalmente de bajada y pensábamos hacerlos en unas 6 horas (en auto fácil llegas en unas tres), pero la rigurosa trocha, averías técnicas en nuestras bicicletas y algunas diferencias entre nosotros porque soy necio y no quiero aprender de Mariana por tonteras como, cómo amarrar las cosas en las bicis, nos retrasaron un poco y hasta casi nos quedamos botados en medio de la selva.

Descansando en la placita de Huancabamba, a 24 km de Oxapampa. Sonríe pa’ la foto, pe’!

Una vez que pasamos Huancabamba (1666 m.s.n.m.), fuimos bajando cada vez más, enfilando hacia los estrechos cañones diseñados a cincel por el indómito Palcazú y adentrándonos en los imponentes bosques del Yanachaga Chemillén.

Vamos fluyendo con el mejor tramo del viaje, pocos carros en la trocha ondulada, escuchando nuestro play list, flotando sobre las curvas suaves entre las sombras de los árboles, con el camino que nos acerca y nos aleja de río, cuando, desconcertado, noto que la llanta trasera zigzaguea, descentrada, y recuerdo el extraño crujido que me sorprendió unos kilómetros arriba. Un rayo se ha partido, lo cual no es nada bueno. Aun faltan 50 km para llegar.

Quebradas del Yanachaga Chemillén. Esencial mantenerse bien hidratado y comido cuando se bicicletea por largo tiempo en estos parajes.

Una hora después la cosa se puso difícil, con el aro ya desalineado y golpeando el cuadro de la bicicleta, frenándome, nos dimos cuenta que sería imposible llegar hasta Pozuzo así. Solo nos quedaba la esperanza de encontrar alguien que nos ayude: aquí todos andan en moto, tienen que saber cómo poner un rayo. Tengo dos de repuesto pero nunca lo he hecho y no la quiero cagar malograr.

En las casitas abajo encontramos la salvación. Si no, habríamos tenido que parar una combi y treparnos al techo, de ser necesario. Felizmente, lo solucionamos.

El asunto me tiene quemando, y ya Mariana carga con todas las mochilas, cual ekeko, cuando divisamos adelante un par de casitas al borde del Palcazú y una familia sentada afuera, disfrutando el feriado.

– Buenos días… una preguntita, ¿algún tigre que repare bicicletas por aquí?

– Buenaaas, Depende, pues… ¿Qué tiene?

– El rayo se ha roto…

– Ahh… más abajo… el que ve motos también repara bicicleta, pero más moto…

Y sí, 300 metros más abajo, encontramos al salvador al tío Hilario, maestro motero y bicicletero también, que chapó el rayo, lo dobló para izquierda, para derecha, lo estiró, lo aseguró, lo pasó como pudo y, centrando el aro con alicate, me lo entregó diciendo, “ya está listo ingeniero, con esto llega… su bicicleta, es aluminio, ¿verdá? Sus llantas bien graaandes son…”. Y su familia, todos juntos, “faaaaalta hasta Pozuzo tooo’via”. Epic.

– Gracias!, balbuceé casi en religioso éxtasis, mientras el cielo se abría y un rayo de sol nos iluminaba.

Cerca de las 3 p.m., todavía a 40 lejanos kilómetros de Pozuzo, nos poníamos nuevamente a rodar, y a los pocos minutos pudimos ver, por primera vez en nuestras vidas, al alucinante gallito de las rocas -o tunqui-, ave emblema del Perú. Estamos mudos, su plumaje es liso perfecto y de un rojo naranja brillante que ni con la mejor pantalla en super HD. Lo observamos alzar vuelo, dándonos la bienvenida a esta zona del Yanachaga Chemillén conocida como Sector Tunqui y que es donde está ubicada la estación Huampal, que queríamos visitar.

Catarata La Esperanza, ya a solo 10 km de Pozuzo, parada obligatoria para todos los que transitan esta ajetreada ruta. El cielo explotaba en colores cuando llegábamos.

Recargados con todas las vibras y honrados por tan espectacular recibimiento, le metemos con todo, siempre atentos, pues por las Fiestas Patrias hay muchas camionetas de turistazas que se alucinan en el Dakar. Felizmente, sin mayores contratiempos, alcanzamos la entrada a Huampal (km 61), donde nos encontramos con un local en bicicleta que nos dateó que regresáramos a eso de las 4 a ver a los gallitos de las rocas, que regresan a un point en el bosque, a solo 20 minutos de la estación.

Inconfundible arquitectura pozucina nos recibe en el barrio Prusia. La influencia de las raíces de los colonos austro alemanes late fuerte todavía por estas increíbles tierras.

Destruídos, luego de 8 horas de full cross country MTB -cinco horas algo efectivas sobre la cleta-, abríamos la ducha caliente en nuestro “Haus Köhel” para luego caer a la Pizzería Wolfgang  por unos piscos y una potente pizza de carne, peperoni, cabanosi, salchicha alemana, jamón ahumado y cesina -100% pozucinos- que nos devolvió a la vida. Danke schön.

Para tener en cuenta si vas en bicicleta:

Algo no previsto fue la cantidad de camionetas manejadas por orangutanes andando por la trocha a gran velocidad: no creemos que fueran un peligro para nuestra integridad -ya que la vía no es taaaan angosta-, pero sí nos echaron un montón de polvo y nos hacían disminuir la velocidad. Llegamos enterrados, además. En vez de disfrutar un poco la ruta van como apurados a una reunión de trabajo, y claro, con las lunas arriba y con el aire acondicionado, no notan nada.

No olvides repuestos: cámaras para las llantas, inflador, parches, multiherramienta, rayos -sobretodo si tienes llantas de 27.5” o 29”, que no encontrarás-, aceite para la cadena, luces, etc. Y menos te vayas a olvidar agua, power bars -una buena marca son los Crosoy- almendras, pecanas, algo de chocolates, mandarinas, plátanos, pan, queso. Un buen desayuno es básico.

La Ruta del Tunqui -así la bautizó Mariana-, es una trocha sin dificultad técnica, si se hace desde Oxa es predominantemente de bajada, salvo cortos repechos. Solo necesitas resistencia para cubrir sus 80 km.

Datos útiles:

Desde Oxapampa es facilísimo ir a Pozuzo. Hay servicio de combis casi todo el día. Estar atentos si van en feriados que se llenan. Lo mismo para regresar.

Haus Köhel está en Av. Reverendo Padre Jose Egg y este es su FB: https://www.facebook.com/Haus-Kohel-Hospedaje-230415707445949/

Pizzería Wolfgang  está en Av. Los Colonos N° 771.

 

 

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