Sauce y su Laguna Azul

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El segundo día nos levantamos un poco tarde, estragos de los tradicionales traguitos de raíces y cortezas –populares miskichado, chuchuhuasi y otros que por obvias razones no recordamos- que bebimos en el Stonewasi, como les contaba en el post anterior.  Y recién a eso de las 11 de la mañana llegamos a la zona conocida como Banda de Shilcayo –en mototaxi-, al paradero de los colectivos que llevan a Sauce (pasaje S/. 15), uno de los destinos turísticos más populares de Tarapoto.

huallaga

Imponente río Huallaga, camino a Sauce.

El día está un poco lluvioso y luego de unas dos horas de camino, previa cruzada del río Huallaga sobre una plataforma motorizada, llegamos a Sauce, un pintoresco pueblito ubicado a orillas del lago del mismo nombre y que es más conocido como la Laguna Azul.

Plaza de Sauce. Foto. Pinto

Plaza de Sauce. Foto. Pinto

La idea es pasar una noche allí y preguntamos al chofer del colectivo por un lugar bonito y económico para quedarnos –en Sauce encuentras lodges un poco costosos- y nos lleva directamente a La Cabaña del Lago, un hospedaje de cómodas cabañitas, con restaurante de platos regionales y precios asequibles (S/. 60 la noche), ideal si lo que se quiere es un techo para pasar la noche. Son ya más de la una de la tarde y el hambre nos mata, así que nos decidimos por un clásico tacacho con cecina que saboreamos rápidamente para aprovechar la tarde y conocer el lugar.

Paseo por la Laguna Azul. Foto. Pinto

Paseo por la Laguna Azul. Foto. Pinto

La Laguna Azul

Este espejo de agua de 350 hectáreas, ubicado a orillas del pueblo de Sauce (700 m.s.n.m),  es actualmente el destino turístico más visitado de San Martín. Su nombre original es Laguna de Saucicocha, debido a los árboles de sauce que antes abundaban y que hoy han desaparecido. Para conocer la laguna de cerca abordamos la lanchita del Don Aquilino –la vuelta está S/. 60- un paseo entretenido que permite sumergirse en la belleza salvaje del lugar. Lo único que nos pareció muy mal fue el sitio donde tenían animales en cautiverio –una boa con la boca pegada con cinta, un tigrillo cachorro, un picuro bebé, etc.- para que la gente se tome fotos con ellos.

Surcando la Laguna Azul. Foto. Pinto

Surcando la Laguna Azul. Foto. Pinto

De vuelta en tierra decidimos probar un poco de la gastronomía local y ordenamos un guiso de majaz, un animal similar a un cerdito que se caza internándose unas 8 horas en el monte, aunque también se cría en cautiverio. Nos advierten que su preparación toma como 45 minutos, por lo que fuimos a  dar una vuelta por el pueblo -que siendo las 7 luce muy tranquilo-, y regresamos a tiempo para constatar que la espera valió la pena sobradamente.

Caminando por la ribera de la Laguna Azul. Foto. Pinto

Caminando por la ribera de la Laguna Azul. Foto. Pinto

Una ligera lluvia insiste en mandarnos a dormir y finalmente decidimos ir a descansar para el día siguiente: una caminata alrededor de la laguna por un sendero escondido entre el follaje, donde, entre los ruidos de distintas aves, pudimos ver una colonia de hormigas llevando hojas a un árbol. Luego de un suculento desayuno regional –huevos con cecina, chorizo y patacones- y de comprar una botella de un brebaje llamado “Mellicero” –imagínense por qué- emprendemos el camino de regreso para dirigirnos a las cataratas de Huacamaillo en San Antonio de Cumbaza. Lo mejor está aún por venir.

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